Pasado el (mal) trago de la conjugación regular activa, vamos a seguir traduciendo, pero introduciendo una nueva declinación: la segunda, o declinación de los temas en -o.

En la segunda declinación hay sustantivos de los tres géneros: masculinos, femeninos (muy pocos) y neutros. En la evolución de la lengua latina, la segunda declinación fue recogiendo los sustantivos de género masculino; por eso la -o es marca de masculino en español. Recoge toda la cuarta declinación, algunos sustantivos de la tercera y otros de la quinta.

Por primera vez nos encontramos en latín con sustantivos de género neutro. No hay que olvidar que todos los neutros, de cualquier declinación, tanto en latín como en griego, siempre tienen los tres primeros casos iguales; además, el plural de esos tres primeros casos siempre tiene la terminación -a (-α en griego). Es curioso que estos neutros en -a han llegado al castellano como sustantivos femeninos (vota>boda; ligna>leña; horta>huerta) , y se les ha puesto un plural con -s cuando en su origen eran ya plurales.

La segunda declinación, en combinación con la primera, sirve para declinar los adjetivos de la primera clase: masculino y neutro por la segunda, femenino por la primera.

Y ya que estamos, veremos también el locativo, un caso peculiar dentro del sistema latino y que mantiene restos en la segunda declinación.

Pues eso, a traducir.